19Noviembre2017

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Opinión a 15 días de las elecciones: Inestabilidad y fuertes tormentas en la oposición

Aunque parezca mentira, recién transcurrieron 15 días de las últimas elecciones que devolvieron el alma al cuerpo al oficialismo, que ya se imaginaba vencido frente al tsunami macrista que arrasó en más de la mitad de las provincias argentinas.

 

La dirigencia y militancia peronistas esperan con expectativa el regreso de sus máximos líderes, Adolfo y Alberto Rodríguez Saá, con la presunción de que los "vientos de cambio" son inevitables en la primera línea gubernamental. Premios y castigos, dicen algunos. Adaptación a los nuevos desafíos, retrucan los más indulgentes.

Del otro lado, lo que parecía una monolítica oposición encabezada por Claudio Poggi con la complacencia benévola y el dócil acompañamiento de las conducciones radical y del PRO, trocó en las últimas horas en un volcán en ebullición. Hoy todos discuten con todos y nadie respeta a nadie.

Aquellos que postulaban que ese animal embravecido llamado interna estaba en vías de extinción, en la intimidad admiten su yerro. Sólo basta escuchar las declaraciones públicas de los principales actores para advertir que cada sector afila armas para pelear hasta el final por los espacios perdidos, o por mantener lo logrado. Todo indica que no será -esta vez- la vía del consenso o el acuerdo de cúpulas lo que permitirá alcanzar los acuerdos, sino las urnas.

En la UCR los derrotados en la batalla judicial, Bonino-Agúndez,-Quevedo- Tony Lorenzo & Cía, están decididos a pelear por “recuperar las banderas históricas del radicalismo”, alentados por el hijo del histórico lider radical Raúl Alfonsín. Reprochan al diputado nacional José Riccardo negociar su propia reelección a cambio de ceder todo a Poggi. “Es un inútil, no sabe negociar, rifó 100 años de historia para regalar el partido a la derecha”, argumentan usando palabras de aquél, pero por las dudas se cuidan de cuestionar públicamente a Macri.

Los disidentes del partido de Alem e Irigoyen están resueltos a exigir internas partidarias y electivas en un mismo turno, para dirimir la conducción del partido y las principales candidaturas en 2019. “Vamos por todo”, se alientan cual equipo preparado para salir a la cancha a disputar la final. En el horizonte sobresale nítida la intención de Miguel Angel Bonino de disputar la gobernación, tal vez acompañado como vice por el tomense Tony Lorenzo y Agúndez encabezando la boleta de diputados nacionales.

En el PRO tampoco se respira tranquilidad. Ya expresaron su deseo de calzarse la candidatura de gobernador el diputado provincial Bartolo Abdala y el ex vice gobernador Angel Rafael Ruiz.

“Somos el partido del presidente y nos quedamos con las manos vacías. Poggi será senador y Riccardo diputado nacional, pero nosotros apenas conseguimos un par de diputados provinciales y unos pocos concejales. Parecemos el hijo de la pavota”, razonó sin metáforas Ruiz ante un grupo de afiliados macristas.

Coincidiendo con el polémico Durán Barba, asesor principal de las estrategias electorales de la Casa Rosada, el ex vice gobernador tilda de “ingenuo y confiado” el accionar de Poggi en las pasadas elecciones generales. “Se durmió en los laureles. Después de las primarias pensó que ya la tenía ganada y se dedicó a hacer la plancha. Justo él que convivió 25 años con los Rodríguez Saá y sabe todo lo que son capaces de hacer antes de entregar el poder”, brama furioso. “Son tan inservibles que ni siquiera ganaron en La Punta, donde gobierna Olivero”, castiga.

Dueño de una fina capacidad para la lectura política, Ruiz está convencido que la dispersión del voto peronista en múltiples opciones le permitirá a Macri pelear y ganar la reelección presidencial. Por lo tanto, sabe que si aparece en la misma boleta tiene chances de vencer al mismísimo Adolfo Rodríguez Saá, “porque la gente vota presidente”. Pero para lograr ese ansiado lugar, antes debe darle pelea a Poggi mano a mano y la parada no lo arruga. “Poggi es él y su suerte. Tuvo a favor que los radicales se arrodillaron y le ofrecieron toda su estructura, pero él y su partido solos no valen nada”, evalúa.

Por el lado de Avanzar aún no se reponen del impacto que produjo perder por 12 puntos trar ir ganando por 20. “Esto es igual o peor que lo que le pasó a River. No nos ganaron, la perdimos nosotros”, se flagelan sin piedad. Todavía les cuesta entender cómo Rodríguez Saá pudo recuperar 60 mil votos en dos meses. Fatigan el consabido latiguillo de la compra de voluntades, las prebendas y las políticas clientelares, pero sus palabras suenan a tibia letanía sin sentido. Les cuesta aceptar que, tal vez, hubo otros motivos que llevaron a buena parte del electorado a cambiar su voto. Hacerlo significaría asumir errores propios, y es sabido que la autocrítica es mejor practicarla puertas adentro, para no exponer debilidad ni admitir con resignación la dolorosa derrota.

Poggi tiene por delante, además, un difícil dilema: ceder al pedido del macrismo, renunciar a la senaduría y, de ese modo, ofrecerle al presidente que asuma Gabriela González Riollo, quedándose como diputado nacional, para que junto con Riccardo “engorden” el número de legisladores oficialistas en la Cámara Baja. O asumir como senador y restarle un diputado, para que lo reemplace los dos años que le quedan de mandato Andrés Vallone, del PJ.

Si accede a lo primero, debería enfrentar el escarnio público por contrariar el mandato de los 130 mil sanluiseños que creyeron en su palabra y lo acompañaron. Si en cambio asume como senador, se condena a perder la confianza de los estrategas macristas y dentro de dos años nada garantiza que le renueven la bendición presidencial.

Dicen los entendidos que los años pares suelen ser tranquilos en cuestiones electorales porque, precisamente, no hay elecciones. En nuestra provincia, sin embargo, aquella sentencia parece inservible para entender lo que viene. Para plantearlo en términos meteorológicos, podría afirmarse que en la oposición se vive una marcada inestabilidad, con probabilidad de fuertes tormentas.

Por Eduardo Gargiulo

 

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