El arte de comer sapos – La política en los tiempos de indigestión

La impronta en los armados de Cambiemos y Frente Unidad Justicialista es la necesidad de enfrentar al enemigo en una coyuntura, aunque eso implique tragarse algún que otro sapo.

 

La metáfora “tragarse un sapo” alude a atravesar una situación desagradable pero necesaria para lograr un fin deseable. Al menos, en la política, ese es el sentido de la frase.

Cuando en la provincia se armó Cambiemos, más de un militante radical se mordió los labios para emprender el camino junto con dirigentes del PRO. Incluso, la misma visita de Mauricio Macri a San Luis, en plena campaña electoral durante 2015, fue un plato pesado para el paladar de decenas de militantes de la UCR.

Es que en las filas del radicalismo aún se sostenían algunas banderas que, tradicionalmente, no congeniaban con un espacio político sin peso en San Luis e identificado con la derecha y las corrientes conservadoras históricamente enfrentadas con el centenario partido.

Pero el sapo se lo tragaron y ¡Adelante radicales-PRO! se sumaron a la misma corriente nacional que impusieron el misterioso Ernesto Sánz y los agradecidos Mauricio Macri & company.

Pero, superada la indigestión -no sin esfuerzo- las recetas con batracios no terminaron ahí. El año pasado, otra campaña electoral volvió a desafiar los abnegados estómagos de los dirigentes y militantes del centenario partido: el presidente bendijo como su referente preferido en San Luis al ex alumno de los hermanos Rodríguez Saá y actual senador nacional Claudio Poggi.

Entonces, no solamente la alianza debía hacerse entre radicales y conservadores (algo impensado en otros tiempos), sino también con el ex gobernador, a quien la UCR de San Luis había combatido. Es decir, un reciente enemigo y, para colmo, salido de las filas del rodriguezsaísmo, el eterno adversario a quien buscan derrotar desde 1983.

Entonces, la consigna ahora es Radicales-PRO-Poggi o, para hacerla más fácil -pero no tanto-: Avanzar Cambiemos Por San Luis, tal como se ha presentado la coalición con las expectativas de competir con mejores chances el año próximo. Aunque las recetas con sapos siguen al orden del día.

Cuando todo parecía quedar ahí, surgió otro desafío: Poggi con el inefable intendente Enrique Ponce. Los dos, a quienes ahora los une el deseo de un “cambio” en San Luis, habían sido archi enemigos durante sus anteriores mandatos. Pero este dúo fue mucho, al menos para uno de los dirigentes aliados a Avanzar, como Ricardo André Bazla, quien no tuvo tapujos en decirlo: “Para un gran acuerdo provincial vale la pena tragarse algún sapo”.

Por el lado del PJ las cosas no andan muy diferentes que digamos, aunque en este caso el paraguas protector del peronismo le concede un generoso manto de piedad a los acuerdos entre pasados enemigos.

El cimbronazo en las PASO del año pasado (cuando el PJ sanluiseño perdió por 20 puntos) puso nervioso a más de uno. Fue la primera derrota fuerte en una elección que tuvieron que enfrentar los hermanos Rodríguez Saa. No obstante, dos meses después, en las votaciones generales lograron revertir los resultados. Aunque el susto quedó latiendo en alguna parte del cuerpo.

Fue entonces cuando los hermanos, particularmente Alberto Rodríguez Saá, recurrieron a sus consabidas estrategias. La primera, más visible, fue el acercamiento al kirchnerismo, evidenciado en declaraciones y acciones. Un cambio materializado en el “acuerdo programático” que quedó sellado en el encuentro de La Pedrera.

“No puede ser que nuestro límite sea un compañero. Nuestro límite es este gobierno neoliberal, nuestro límite se llama Macri”, dijo Alberto Rodríguez Saá en el cierre de las jornadas del 17 y 18 de marzo.

En ese “armado” también hubo sapos que tragar. Primero, porque los mismos hermanos Rodríguez Saá fueron encarnizados opositores del gobierno kirchneristas; autores y promotores de profusas campañas contra Néstor, primero, y muy especialmente contra Cristina después. Ellos saben que, en gran parte, son responsables de la fuerte adhesión que tiene el macrismo en San Luis, que se vio reflejado en el balotaje del 22 de noviembre de 2015.

Desde el kirchnerismo están convencidos que la coyuntura, esto es enfrentar el actual escenario nacional e internacional abiertamente difícil y complejo por el avance de la derecha, obliga a consensos “patrióticos” y, en ese camino, si hay que digerir algún sapo…

En el PJ, con mayor infraestructura, las recetas pueden tener más condimentos, aunque también más de uno ve con recelo tener que compartir espacios con sus antiguos enemigos, a quienes criticaron y combatieron durante más de una década.

Sapos y más sapos. Ni siquiera ranas, que son comestibles, tienen mayor consenso en el arte culinario y las recetas se pueden encontrar en sitios web sin contraindicaciones que asusten.

Los sapos, en cambio, tienen mala fama. No solo los usan para estas tristes metáforas, sino también para amenizar la literatura fantástica: son los feos y desagradables de los cuentos, a los que hay que besar -con todo el esfuerzo y el asco que eso significa- para ver si se transforman en príncipes.

Al menos en estos casos, lo peor que puede ocurrir es que el batracio siga siendo batracio por más besos y caricias que le den. Pero en la metáfora política hay que comerlos y, en esas situaciones, lo más saludable que puede ocurrir es que la digestión siga su camino sin mayores sobresaltos. Ya se sabe que al final lo que saldrá no será precisamente un príncipe.