“Muchos cometieron errores…y se los ha recibido como el hijo pródigo”. Estela Carlotto contestó así ante la pregunta menos esperada: la Carta a Massera de Alberto Rodríguez Saá.

La presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, quien visitó ayer la ciudad de San Luis -ver nota aparte- respondió, ante una pregunta concreta de los periodistas, que sabía de la carta que en el año 1978 le mandó Alberto Rodríguez Saá al entonces comandante de la Armada y miembro de la Junta Militar de la dictadura, Emilio Massera. Carlotto acudió a la parábola bíblica para aludir la necesidad de recibir a quienes retornan de sus errores.

La Parábola del Hijo Pródigo es una de las que relata Jesús en el Nuevo Testamento: Un joven le pide a su padre que le dé su parte de la herencia, con la cual se va a otro país donde la malgasta. Se arrepiente y regresa: “Padre, pequé contra el cielo y ante ti…”, le dice al anciano. El padre celebra el regreso y, ante el reproche de su hijo mayor, le explica: “..este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida…”.

Estela Carlotto eligió ese mensaje para explicar por qué se reunió y elogió la actual situación de Alberto Rodríguez Saá.

En 1978 Alberto Rodríguez Saá y otros dirigentes firmaron una carta dirigida a Massera en la cual delataban y pedían un “castigo ejemplar” a vecinos de San Luis por presuntas actividades vinculadas con la subversión. El hecho, que investiga la Justicia en el marco de la complicidad y colaboración civil en la última dictadura militar, generó, consecuentemente, fuertes cuestionamientos de organismos de Derechos Humanos.

Con un acertado criterio y una bondad pródiga, la presidenta de Abuelas prefirió dejar ese pasado en el pasado y hablar del perdón para recibir a quienes cometieron errores.

Alberto Rodríguez Saá, entonces, sería ese hijo pródigo que recibe el padre con toda felicidad porque retornó de sus propios errores. La única salvedad, que bien podría subsanarse, es que en este caso aún no se escuchó ni se leyó una carta con alguna frase parecida a “Padre, pequé contra el cielo y ante ti…”. Todavía el perdonado no pidió perdón.

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