Llegó a San Luis con la misma esperanza y el mismo objetivo: brindar un mensaje de prevención y cuidado del medioambiente. Lleva más de 10 mil kilómetros recorridos en bicicleta y comenzó esta hazaña en 2008 en Quebec, Canadá.

Álvaro Pérez Ramírez recorre los continentes a bordo de su fiel amiga, una bicicleta que está repleta de calcomanías, bolsos y recuerdos de viaje.

Testigo directo de los desastres medioambientales de América del Norte, Central y del Sur; lleva consigo el dolor de ver extinguirse especies autóctonas, bosques milenarios y escenarios naturales que antes eran el refugio de especies nativas y pueblos originarios.

Se llama, Álvaro Pérez Ramírez, es estadounidense, nacionalizado colombiano y tiene 58 años recién cumplidos. Este médico veterinario ha recibido cientos de distinciones en su paso por Latinoamérica, incluidos dos “Record Guinnes” en bicicleta. El primero lo ganó en Tacna, el 18 de noviembre 2011, y el segundo lo ganó el 2012 en Juanjui, al norte del Perú.

Recorre los continentes a bordo de su fiel amiga, una bicicleta que está repleta de calcomanías, bolsos y recuerdos de viaje.

Llegó a San Luis y buscó ayuda en el Ministerio de Turismo y Parques, donde lo recibieron y colaboraron con una noche de hospedaje (solo quería eso y nada más). Solo una noche, porque el viaje debe seguir hasta el sur de nuestro país.

Una vida dedicada al cuidado del medioambiente

Una mañana de julio del 2008, hace ya casi 12 años, despertó en Canadá, el país donde residía y decidió dejar el sistema que lo agobiaba para iniciar un viaje de concientización ambiental que ya lleva más de 10 mil kilómetros.

Solo de Canadá a San Luis la distancia es exactamente de 10.633 kilómetros, pero Álvaro ha recorrido mucho más, porque se detuvo en pueblos del Amazonas, en valles y bosques que antes eran impenetrables y hoy son el reflejo de la deforestación, que los devora metro a metro en Argentina, Paraguay, Bolivia y otros países de la región.

Álvaro fue testigo del paso de los incendios en la triple frontera y se ahogó de tristeza al ver las inundaciones en Argentina, que producto de la deforestación dejan a campos en el olvido.

Este colombiano intrépido que se emociona al hablar, pero nunca deja de mantener ese tono de voz firme; ha dialogado con la gente que vive en pequeños pueblos, donde el agua no llega, donde el hambre mata y las enfermedades dejan a chicos sin futuro y a grandes con una esperanza de vida efímera, sin sueños, ni esperanzas.

Este ciclista empedernido que ha soportado fríos, lluvias torrenciales y calores agobiantes, ha observado a su paso por esas rutas y caminos rurales como muchas banderas de esas que promovían el cuidado del medioambiente ya no están, o son menos.

Entendió entonces que la verdadera lucha es la que lleva adelante ese vecino que cuida su entorno, su medio ambiente y junto a él otro hace lo mismo y así contagian. Contagian esperanza, amor y respeto por los animales, por el otro, por esos árboles que le dan sombra y refugio, por ese ecosistema, por ese río que hay que limpiar, por ese lago que les regala el alimento y la paz.

Soy yo quien ahora observa a Álvaro. Lo veo flaco, con la piel extremadamente seca. En sus piernas se ven los golpes y cicatrices; seguramente de tantas caídas en su bicicleta.

Su cara y sus brazos están quemados a más no poder por el sol y sus ojos son su reflejo genuino. Sus ojos se llenan de lágrimas cuando habla y le pide mil y una vez más a la gente que proteja al medioambiente, que piense en el futuro de sus hijos, que ame la tierra en la que viven.

La crueldad de ser humano con los animales y el entorno

“¿Por qué los derechos de los animales y del medioambiente no son iguales en todo el planeta tierra?”, expresa Álvaro para explicar que su objetivo es “unificar toda América Latina para concientizar, unir pueblos y olvidarse de las fronteras que no existen, solo existen tonos de voz diferentes. No deben existir fronteras para el medioambiente y los animales en ninguna parte del mundo. Debemos cuidar el medioambiente y cuidar la fauna y no encasillarnos solo en perros y gatos”.

“¿Quién está cuidando la fauna de Argentina?, ¿Quién está cuidando la tala de bosques? Estamos más preocupados por sembrar, cosechar y vender. Estamos más preocupados por el cemento y por acabar con el agua y ya. Este planeta se nos va a acabar. Estamos disimuladamente asesinando a nuestros hijos, ¿Por qué?, ¿Qué planeta le vamos a dejar?”, indica.

Visiblemente preocupado por lo que pasa en el mundo. Harto de ver como los gobiernos, no tienen como prioridad en sus agendas el tema del medioambiente, Álvaro se pregunta: “¿Cuando un nieto tuyo te pregunte: -Abuelo, ¿si usted sabía que la contaminación era un problema, usted que hizo?-, y  que le van a responder? Esto es lo que me motiva para seguir concientizando gente”.

La relación con las organizaciones no gubernamentales

Este soldado sin armas y cuya movilidad es su bicicleta sabe que para generar conciencia no alcanza con dialogar con la gente. En su viaje interminable se encarga de fotografiar a los desastres naturales, a la gente que sufre a consecuencia de ello y lo hace conocer a partir del contacto con organizaciones no gubernamentales que verdaderamente trabajan en esto y no solo piensan en recaudar.

“Yo voy en mi bicicleta, lo busco y lo vivo. Lo del Chaco Paraguayo no me lo contaron, lo viví. Vi la deforestación que hay allá, en Brasil vi la deforestación de los mineros, he visto los sembradíos de soja. Tomo fotos y se las envío a las ONGs correspondientes y ellos se encargan de hacer los reclamos”.

La experiencia le permitió a este viajante medioambiental entender que a veces el reclamo no es útil desde las organizaciones que residen en tal o cual país; a veces los reclamos de otros países han tenido más fuerza que los propios y pone de ejemplo lo sucedido con el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, que reaccionó a los incendios en el Amazonas a partir de los pedidos realizados desde Inglaterra, Colombia, Ecuador y luego otros países de Latinoamérica, “aunque al señor Bolsonaro siga haciendo lo que se le da la gana”.

“Los mandatarios son indolentes y solo les preocupa la plata. No les interesa lo que le pasa a usted, a sus nietos, ni a la fauna o flora; sino los negocios internacionales. En Argentina, por ejemplo, están fumigando con 2,4-D, que utilizaban en la segunda guerra mundial y que acaba con la fauna, animales, humanos, con todo”, dice.

Las vivencias de Álvaro son infinitas. Un verdadero manual de historias vividas a partir de la lucha por el cuidado y protección del medioambiente. En su viaje ha visitado 22 países y aún le restan muchos más. Preocupado por el mundo en que vivimos, preocupado por el mundo que dejaremos reflexiona: “El de abajo es el que lucha, el de arriba no le interesa nada. Los gobiernos deben volverse serios en la lucha medioambiental”.

Alvaro Pérez Ramírez, toma su bicicleta, guarda uno de los álbumes de fotos que compartió con todos y se dispone a continuar su viaje. Le esperan miles de kilómetros más y muchos lugares para visitar en donde la lucha por la protección de la fauna y flora están en riesgo.

Sus últimas palabras son para recordar su edad. “Tengo 58 y sigo en camino y además soltero”, remarca.

Lo que no sabe Álvaro es que él ya está casado. Se casó con este mundo, el mundo que tanto ama y defiende.

Fuente: Prensa Gobierno de San Luis

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