Por la grave crisis económica, más de 500.000 personas se sumaron a quienes sufren problemas de trabajo. La desocupación aumentó al 9,1% y el subempleo se disparó al 12% el año pasado, de acuerdo al Indec.

El desempleo oculto se disparó al 12% el año pasado y se consolidó en los dos dígitos. La subocupación incluye a las personas que deben conformarse con changas para intentar llegar a fin de mes y ahora abarca a 1.557.000 personas, contra las 1.305 a fines de 2017. Por el Indec no son considerados desocupados, pero no consiguen un trabajo de jornada completa.

El Indec reveló que el subempleo ascendió 1,8 puntos básicos interanualmente el cuarto trimestre de 2018 con el mismo período de 2017, cuando había marcado un 10,2%, mientras que en el tercer trimestre de 2018 había sido del 11,8%.

Se consideran subocupados a aquellas personas que tienen trabajos, pero que lo hacen por un tiempo inferior a 35 horas semanales, por lo que estarían en condiciones de tomar otro empleo. Sin embargo, para contar como subocupados no influye si buscan o no otro trabajo, por eso se los considera demandantes y no demandantes.

A la par, se disparó el desempleo a 9,1%. De esta manera, afecta a 1.185.000 personas, de acuerdo al Indec, mientras que en la misma etapa de 2017 sólo la sufrían 926.000. De esta manera, los desempleados y desocupados nuevos en el último año fueron 511.000 personas.

El ex ministro de Trabajo Carlos Tomada, en diálogo con El Destape, advirtió que “estamos viendo un traslado del empleo formal al precario”. “Si este gobierno sigue se produce un cambio estructural en el empleo en Argentina”, pronosticó.

En un contexto de preocupante estanflación y de continuo cierre de empresas, el desplome del poder adquisitivo obliga a más miembros de la familia a volcarse al mercado laboral. Además, quienes son expulsados de su empleo formal pasan a formar parte de las filas de desocupados, deben conformarse con un trabajo no registrado o sólo obtienen ingreso por pocas horas a la semana. Este último caso es el que el organismo estadístico oficial considera subocupado.

La inflación fue del 3,8% en febrero. Impulsados por los alimentos y las tarifas, los precios escalaron más de 51%, lo que demuestra la inutilidad de las políticas del Gobierno nacional para contenerlos. Es probable que la batería de medidas que tomó el Banco Central, bajo órdenes del FMI, genere el mismo efecto y este año termine con aumentos superiores al 40%.

A la par, la economía sufrió una recesión del 7%, sólo comparable con el crack económico de la crisis de 2001. El abusivo recorte fiscal, las altísimas tasas de interés, la devaluación y la inflación forman un cóctel explosivo para la industria, además de una concentración de riqueza acelerada desde los trabajadores y el grueso de los sectores hacia los dueños de las energéticas, los grandes sojeros y la City financiera.

Esa es la razón por la que, mientras la economía se encuentra en terapia intensiva, los grandes empresarios se llevaron del país más de U$S 60.000 millones en los tres primeros años de Mauricio Macri como presidente. No resulta casual que se trata del mismo monto que después el PRO salió a pedirle prestado al FMI con condicionamientos que limitarán las políticas de los gobiernos subsiguientes, por lo que garantizarán este modelo de concentración y fuga.

 

 

Fuente: Eldestapeweb.com

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