En las últimas horas comenzó a circular en la UNViMe un duro informe en contra de las autoridades del rectorado por implantar un sistema “vigilancia y miedo” entre docentes y personal en general.

El comunicado lleva un título más que significativo para la historia del país y de las universidades: “Pasar a la clandestinidad. Cualquier parecido con la historia es pura casualidad?”.

El comunicado, que -por causas implícitas en su mismo contenido- circula en la “clandestinidad”, expresa textualmente:

PASAR A LA CLANDESTINIDAD

CUALQUIER PARECIDO CON LA HISTORIA ES PURA CASUALIDAD?

Para muchos de nosotros que estudiamos en las Universidades Públicas en la época de la dictadura militar del 76, la represión, la vigilancia, la cultura del miedo, de la venganza, etc, etc, son acciones y sentimientos que rogamos solo tengan olor a viejo y terminado, pero sobre todo que tenga perfume a aprendizaje.

En esa época tan triste, si no fuera trágica, “los horribles” como los llama Miguel Bonasso en su libro “Diario de un Clandestino”, te miraban, te perseguían, escuchaban tus conversaciones, suponían lo que pensabas en casi todos los casos y actuaban, probablemente no ellos mismos sino aquellos a quienes se reportaban a cambio de un jugoso salario.

Entonces lo que imperaba era el miedo generalizado, ya que cualquier gesto por mínimo que fuera, era brutalmente reprimido, significando esto que te podían echar, sancionarte de cualquier forma y en el peor de los casos pasar a engrosar la lista de desaparecidos.

Dice Alvaro Curelli :

Se trataba de disciplinar al sistema educativo, y erradicar de el los elementos “subversivos”. Así, el Ministerio de Educación y Cultura, gestó la «Operación Claridad», se trataba de un plan a través del cual se pretendía identificar a los opositores al régimen en el ámbito cultural y de lograr la propugnada articulación entre libertad individual y colectiva a través del orden. En las instituciones educativas de los diferentes niveles de la escolaridad, centenares de docentes fueron cesanteados, inhabilitados para enseñar, perseguidos, desaparecidos y muertos. Lo mismo ocurrió con el estudiantado.

Para cumplir con este “objetivo”, se organizó un aparato de espionaje dentro de las instituciones de la educación –infiltrando estudiantes, colocando en los cargos directivos agentes de las fuerzas de seguridad, logrando la “colaboración” de docentes y estudiantes– para detectar y delatar a que fueran opositores a los lineamientos educativos planteados por la dictadura y, a partir de esos datos, incorporarlos en las llamadas “listas negras”.

Por otro lado Jorge Cardelli relata:

En Julio del ‘77 la Junta Militar aprueba el Proyecto Nacional que había elaborado el Gral. Díaz Bessone desde el Ministerio de Planeamiento. Era un momento donde todavía el mesianismo fundacional y el nacionalismo católico de derecha tenían un importante peso interno. Le reprochaban a Bruera que la educación no tuviese un mayor compromiso ideológico con la lucha antisubversiva. Le sucedió en el Ministerio de Educación Juan José Catalán, que se planteó de manera explícita impulsar la lucha antisubversiva en todos los planos de la cultura y la educación. Para llevar adelante esta tarea planteó la necesidad de incorporar en el ámbito educativo y en el plano pedagógico los conceptos de guerra, enemigo, subversión e infiltración. Un planteo de tal magnitud fue fundamentado en un documento titulado “Subversión en el ámbito educativo”, que fue distribuido en los establecimientos educacionales por resolución ministerial. El folleto pretendía esclarecer a los educadores sobre el accionar integral de la “subversión” y cómo se la podía detectar. Es de imaginar el clima de terror que tendía a generar una política de estas características. Estaba destinada a fomentar la delación interna, la desconfianza y la subordinación ideológica total al oscurantismo clerical.

Estoy escribiendo a 43 años del comienzo de esa época infame, y con mucha tristeza veo y siento que muchas de estas prácticas deleznables siguen estando en vigencia.

Por supuesto que sin llegar al extremo de la desaparición de personas en el sentido físico, aunque hacen desaparecer todos tus derechos que es más o menos lo mismo, pero todo lo demás si!

Espiar, fotografiar, apretar a cualquier miembro de la comunidad universitaria (docentes, nodocentes, alumnos y graduados) por el simple hecho de hablar con alguien. Generar una red de espías seguramente pagados nunca vocacionales!, que han hecho que muchos tengan miedo de hablar con casi cualquiera porque las represalias pueden ser muy duras y de eso sobran ejemplos en la universidad.

Es cierto que es muy difícil que salga algún compañero a denunciarlo porque el miedo a perder el trabajo es cosa seria.

La persecución ideológica continúa pero con la diferencia de que hoy es mas sutil y  en aquel momento además de ideológica era explícita y violenta.

Con esto quiero decir que ni la censura, ni la exclusión ni la persecución al que piensa diferente han desaparecido.

¡Entonces no queda otra cosa por hacer que pasar a la clandestinidad!  Para poder reunirse con alguien se deben buscar lugares remotos donde nadie nos conozca, o por lo menos nadie que pueda “informar” al poder de turno, de lo contrario inmediatamente viene el llamado telefónico o la entrevista personal preguntando que dijeron o que “ofrecieron” o incluso cuestionando porque tal se junta a habla con aquel otro.

Es increíble, o parece un cuento de ciencia ficción, o un mal recuerdo de lo ocurrido hace más de cuarenta años, si no fuera cierto.

Lo único que falta es que debamos establecer alguna posta sanitaria para atender a algunos heridos, que les aseguro no son pocos y van quedando por el camino.

Esta es la Unvime hoy…

Todo en nombre de la “política”, esa señora fea y maloliente que hace toda esta clase de chanchadas y es la responsable de todo este desastre.

La política en si misma no es mala, los que la pudren son los que la ejercen del modo en que la ejercen en la Unvime…

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