Tras más de dos décadas de abandono, la zona del dique Cruz de Piedra y sus inmediaciones será ahora “recuperada” por el gobierno. La obra costara más de 21 millones.

Es el embalse más cercano a la ciudad de San Luis y una de las obras hídricas más antiguas que tiene la provincia, inaugurada en 1931.

Además de su función como central hidroeléctrica, durante años, decenas de generaciones de sanluiseños, como también turistas, disfrutaron del embalse que contenía el agua de los ríos Volcán, Cucho Corral y Los Puquitos.

Durante décadas, el lugar fue un espacio de encuentro de fines de semana, propicio para el turismo, la recreación, las largas caminatas y el clásico recorrido de las escalinatas que conducen senderos por las sierras y al puente, encima de los murallones.

Pero desde hace aproximadamente 20 años el lugar fue abandonado. Presa de la desidia se convirtió en poco menos que una ruina: las instalaciones derruidas, los yuyos y las aguas servidas dominaron poco a poco el paisaje, el olor nauseabundo lo convirtió en un foco de infección y los basurales en el mismo embalse y sus inmediaciones no hicieron más que ahuyentar a los visitantes.

De nada sirvieron los pedidos de los mismos vecinos y, mucho menos, las críticas de algún visitante para que el gobierno emprendiera tareas de limpieza y mantenimiento del lugar.

Ahora, en las obras que el gobierno presentó dentro del Plan “Sueños Puntanos” figura una que pone la mirada en el dique Cruz de Piedra. Según esos anuncios, se trata del dragado, refulado, limpieza y la recuperación de tierras del embalse, para lo cual se dispondrá de una inversión de más de $21 millones.

Los trabajos ya iniciaron, según se anuncia en el sitio de prensa del gobierno. Al menos el movimiento de maquinarias así lo indica y eso ha traído alivio, primero, a los habitantes de las cercanías y, luego, a todos los sanluiseños.

El mismo gobernador, Alberto Rodríguez Saá, al hacer el anuncio de la obra admitió que el lugar se había convertido nada más que en un recuerdo: “…cuando éramos niños, a los que vivíamos en la ciudad de San Luis, en El Chorrillo, San Roque o Las Chacras, nuestras madres nos llevaban a conocer, y el primer dique que conocimos fue el Cruz de Piedra. Y lo conocimos entrando por lo que sería la escalinata, buscando el murallón, y había un incipiente camino, una senda, y a veces visitábamos el murallón por dentro y luego llegábamos y admirábamos ese dique, que era uno de los más importantes de la provincia”.

Pero fue el mismo gobierno el que no se ocupó del cuidado y la preservación del lugar, lo que hubiera evitado que se convirtiera en una imagen del abandono.

Hoy, la obra dentro del plan “Sueños Puntanos” se promociona como de “refundación”, porque tras largos años de desidia tal vez no le cabe otra palabra. Pero quedan varias deudas: los años perdidos, generaciones de niños que no pudieron disfrutar del dique y los millones que se podrían haber ahorrado con algo tan simple como lo es un plan de mantenimiento. Por eso, la pregunta del título: ¿Era necesario llegar a esto?

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