Un ejemplo. Ayudado con su bastón y uno de sus hijos, Ramón Vega concurrió a la Escuela Industrial para cumplir con la votación: “Sé que no tengo la obligación, pero hay que venir por la democracia”, comentó.

“¡Uf!”, expresó cuando le preguntaron si se acordaba cuántas veces había votado. Era claro que muchas. Solamente atinó a decir que lo hacía desde el año 1945. Y sí, son muchas.

Ramón dijo que era un derecho, pero fundamentalmente un deber ir a votar por la democracia, pero también porque los jubilados necesitan alguien que los represente.

“Como jubilado tenemos que venir a votar para que nos representen…En Anses antes éramos pocos, ahora somos muchos y tenemos que venir a votar para que nos representen bien…”, dijo sin agregar mucho más, un poco cansado por el esfuerzo y porque, a veces, las palabras están demás.

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